Espadas y Viticultura en el Reino de Chile

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El presente es un breve artículo expuesto en el VIII Seminario Chileno Argentino de Historia y Ciencias Sociales, realizado entre el 23 al 24 de Abril de 2009 en las dependencias de la Universidad Católica Raúl Silva Henríquez, siendo su autor el Director Académico del Centro Medieval y Renacentista de Chile.

 

Un resumen general del Articulo nos aproxima a la vida del Chile colonial, la producción de vinos y el porte de las espadas durante la vida cotidiana del Chile colonial, Tomando como premisas que tanto el vino como las espadas son agentes civilizadores de occidente, alguna vez fueron las conquistas de Roma las que impusieron a costa de espadas y vino la civilización en Europa y luego la Corona Española y las guerras de conquista hicieron lo mismo en nuestro territorio.

 

Además el Articulo hace presente a través de la demostración de documentación fidedigna la utilización de la espada en territorio chileno, tanto para la guerra de conquista, de Arauco, como en la vida cotidiana como símbolo de Status. Además para terminar, se está trabajando para en un próximo artículo incluir los datos de DUELOS en Chile y otras informaciones que atañen al tipo de esgrima utilizado en el Chile colonial.

 

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Espadas y Viticultura en el reino de Chile Siglos XVII – XVIII

 

Ricardo González

“Por tu espada y por tu trato

Me has cautivado 2 veces”

(Santos de la Paz)

 

Durante el relevamiento de fuentes en el archivo histórico nacional han aparecido una serie de documentos, muchos de ellos testamentos y tasaciones de bienes, en los cuales podemos apreciar un fenómeno particular, el cual tiene que ver con la producción de vino y la tenencia de espadas. Podemos apreciar que este periodo de la historia de Chile se encuentra atravesado por el filo de una historia de violencia, las campañas de conquista y la guerra de Arauco son tópicos fundamentales en los cuales las armas europeas entran en la vida histórica nacional. Se fundan ciudades y se entregan mercedes de tierra, el filo de la espada precede y hace camino a la vid.

Ya instalada la conquista, formadas las ciudades y sus jurisdicciones, puesta en marcha la producción de vino y normalizada la vida dentro de lo posible, la socialización de los sujetos que forman el corpus de la vida nacional durante los siglos XVII al XVIII e incluso en los albores del siglo XIX circulan entre otras cosas entre el vino y las espadas. Es así que podemos apreciar en algunos viticultores la tenencia de ricas espadas, desde espadas de fiesta hasta estoques toledanos con guarnición de plata, lo cual hace suponer que existe una relación directa entre la riqueza del viticultor y la espada que poseerá, como un símbolo de estatus, de honor y valor.

 

La espada: objeto simbólico

 

La espada es por definición natural un objeto, un objeto de uso común en la época medieval y traspasada por la tradición española al Chile colonial. Este objeto fue ocupado en innumerables guerras que eran sostenidas entre los distintos reinos en Europa y en la conquista en América, pero esta arma experta en el arte de “ofender y defender” como dice Fiore Dei Liberi, adquiere también dimensiones distintas en las mentes de quienes la esgrimen.

La espada es un arma para la guerra, para los duelos y finalmente para el honor. La tradición de la espada se remonta fuertemente a la edad media europea, en donde  ésta adquiere una relevancia especial, su uso era mayoritariamente de la nobleza feudal y sobre todo de los guerreros de estratos nobles, especializados para la guerra: “los caballeros”. Es para el arte de la guerra, las justas y los duelos que el uso de la espada se generaliza y ya en el siglo XIV y XV, nacen los grandes maestros de armas como Johans Liechternauer, Sigmund Ringeck, Hans Talhoffer, o Fiore Dei Liberi, quienes sistematizan las técnicas de lucha con espada en celebres códices de los cuales al día de hoy se pueden encontrar pocos ejemplares. Pero esta sistematización de la lucha con espada no se da por razones de poco peso, si no que tiene un asidero en el pensamiento de la época, es así que podemos leer en el códice de Sigmund Ringeck:

 

“Joven caballero aprende a amar a Dios y a respetar a las mujeres a fin de que tu honor se ennoblezca. Cultiva las cualidades caballerescas y estudia este arte que te glorifica a fin de cumplir honorablemente tu deber en la guerra.”[i]

 

El arte de la espada hará, a quien le conozca, cumplir honorablemente su deber, por esta razón que los valores morales del deber y el honor son ejes articulantes del uso de la espada y más tarde esos mismos valores se traspasan al objeto, se traspasan a la espada. Este proceso por el cual un objeto pasa también a ser un significante, un símbolo, llegó a Chile en una forma casi consolidada, el honor, el valor y el deber, viajan a América a través de los conquistadores, a través de sus Espadas.

 

 

Las espadas, la conquista y el vino.

           

La conquista en el territorio de Chile fue una empresa complicada, llevada a cabo por la empresa privada  y los intereses personales de los conquistadores, lo que hacía que los recursos armamentísticos “superiores” faltaran, la artillería ocupada por las huestes indianas fue poca y de poco uso debido al alto precio y al coste de traslado, lo cual llevó a que fueran preferidas las armas de fuego personales como los arcabuces y en una menor proporción las escopetas[ii], los caballos eran un recurso escaso debido al traslado desde Perú y las constantes correrías mapuches, quienes se apropiaban de los caballos, los perros fueron también ocupado, pero en lo que definitivamente los españoles eran superiores era en las armas Blancas[iii].

Las armas blancas que entran al territorio Chileno, son en un principio las espadas del siglo XIV y XV conocidas como espadas de mano y media, que tenían como peculiaridad tener hojas más anchas y recias que las que les seguirán en el tiempo, esas espadas ya en 1600 se les denomina como espadas viejas o simplemente como espadas anchas, aun en 1733 Don Nicolás de Sequeira quien a su muerte contaba con una viña de 2000 plantas en la ciudad de Santiago, poseía una “espada Ancha”[iv], cuyo paradero nos servirá, más adelante, para ilustrar otros usos de las espadas.

Finalmente estas espadas comienzan a desaparecer para dar paso a otras mas ligeras, a partir de 1600 en Chile, donde la guerra con los araucanos se encuentra en todo su fragor, las embarcaciones de espadas hacia Chile dejan de traer estas espadas anchas, entonces se levantan protestas contra las nuevas espadas que son de una hoja más estrecha y puntiaguda y punta menos fuerte cuyo ataque es de preferencia el estoque. En 1608 Alonso de Sotomayor advierte al Virrey del Perú que en Chile los estoques no sirven de cosa alguna, solo para quebrarse[v] y Antonio Parisi en 1617 solicita que se les envié espadas anchas y no “espadas largas de paseo, las cuales no sirven para las guerras en Chile[vi].

Finalmente estos reclamos no surten efecto y el nuevo tipo de espada se impone sobre el anterior, no solo para su uso militar si no para su uso común, más liviana y delgada se mantendrá en la vida nacional llegando incluso al siglo XIX, la nueva espada de estoque, La Espada Ropera[vii].

            Ahora bien, ¿Cómo relacionamos esto con el vino?, para poder contestarlo es bueno remontarse unos siglos y llegar al imperio romano, para comenzar a establecer las primeras relaciones antes de entrar de facto a Chile y la cultura del vino y las espadas.

            Podemos apreciar en el texto Germania de Tácito rasgos de oposición especiales entre los germanos y los romanos, y entre estas opociciones se encuentran la bebida de los germanos y las la disparidad en la preferencia de las armas. “El liquido que obtienen de la cebada o del trigo, y que al fermentar, adquiere cierta semejanza con el vino”[viii] pero no es vino, no es el vino romano que incluso algunos germanos mas “civilizados” han comenzado a consumir. Lo mismo pasa cuando Tácito opone el escudo y la “Framea” (pica) a la Espada Romana. Quizás Tácito en ese momento contrapone la civilización Romana a la Barbarie Germana, una pugna permanente, una Roma llevando la civilización a Europa a punta de espadas y seguidas de vino. Por tanto y siguiendo esta lógica, la espada y el vino son agentes de la civilización y agentes civilizadores[ix].

            Igualmente se puede observar un hecho similar en la conquista de América y en especial de Chile: El Español civilizado trae consigo la civilización a una tierra de barbarie y con él viene el vino y la espada.

             Es de esta forma que el vino, al igual que la espada viene con un simbolismo que es el de la civilización, la gran mayoría de los terrenos poseen viñedos y otros árboles, los aposentos de los españoles y los criollos comienzan la producción de Vino la que junto con la sociedad hispánica, se extiende a todo el territorio nacional.

            No es el motivo de este estudio analizar la cantidad de producción y comercialización del vino, si no dejar de manifiesto las estrechas relaciones que existen entre los productores de vinos y las espadas, entrelazando las existencias de ambos en la vida nacional de la época colonial.

 

 

Entre el vino y las espadas.

 

            Los testamentos y las tasaciones son de gran ayuda a la hora de tratar de encontrar esas relaciones que se dan entre objetos que pueden llegar a ser tan distintos como los vinos y las espadas, pero a la muerte de un familiar, los bienes materiales quedan y alguien tiene que recibirlos.

El testamento de Pedro Cortés de Monrroy, Marqués de Piedra Blanca de Guana, hecho en el año 1713 en la ciudad de La Serena, será nuestro primer caso, si bien por la lectura de su testamento no se puede saber la cantidad de viñas o la cantidad de producción que tenia de vino, si deja en claro que en su bodega aun quedan 800 arrobas de vino del año anterior, además manda que se le dé a Francisco Martínez unas mulas y 100 arrobas de vino por su servicio, también manda “que a los herederos de Bernardo Cortés se les den 50 @ de vino de la primera cosecha que se hiciere”, además “Dejo a mi sobrino don Diego Montero y Cortés la hacienda de Guanilla con todos sus aperos, viña, vasija, y la estancia de ganados nombrada La Laja y Piedra Blanca”[x], mientras que a su primo, Pedro Cortes, le deja una espada de Corte de Toledo. Los bienes que repartió nuestro marqués no son pocos, repartió haciendas, viñas y una espada de acero de gran calidad, una espada de Toledo.

El caso de Doña María de Soto viuda del maestre de campo don Antonio de Zumaeta y vecina de la ciudad de Santiago hasta 1740, es un caso singular, pues una vez muerto su marido logró mantener los bienes del hogar en base a trabajo y esfuerzo, se ignora si su capital aumento con la muerte de su marido, pero al momento de hacer la tasación de sus bienes, Doña María Soto contaba con: “Itt. 25 tinajas que hacen 408@ y tres cuartas de buque. Itt. 4 enfriaderas que son de tinajas quebradas. Itt. 800@ y tres cuartas de vino con su borra”[xi]. Además de contar con una viña con 4.000 plantas. Al parecer esta mujer había atesorado los bienes de su marido, que recordemos era Maestre de campo, y le legó a su hijo una vez muerta 4 espadas todas distintas: “Itt.1 espada de golilla, 1 espadín, 1 espada ancha y una hoja suelta [de espada] ancha. Itt.  Otra de medio talle con guarnixión antigua[xii]”. Su hijo y albacea el Doctor don Pedro Zumaeta recibió entre otras cosas una cantidad no despreciable de esclavos y esclavas si no que también un buen capital en vino, además de espadas de distinta índole, desde las preferidas espadas anchas de 1600 hasta espadas de la propia época.

Pero no solo en los estratos más acomodados de la sociedad colonial se pueden encontrar casos de la mescla entre espadas y vino, en La Serena el Capitán Don Juan Cortes, hijo natural del Marqués Don Pedro Cortes declara tener una haciendita en la cual tiene una viña y 50 arrobas de vino tasadas en 2 pesos la arroba[xiii]. Entre sus bienes podemos encontrar también una espada, por desgracia el testamento no aclara qué tipo de espada es, lo que hace suponer que es una espada común, sin lujos ni hoja especial.

            Otro caso que nos puede ilustrar también sobre los usos de las espadas es el de  Don Nicolás de Sequeira quien a su muerte en 1733, contaba con una viña de 2000 plantas en la ciudad de Santiago, poseía una “espada Ancha” y en su testamento mandó que esa espada se le diera a José Pizarro, un pardo libre con quien el difunto tenía una deuda y de la cual esa arma cubría $40[xiv] de la misma, con lo cual las espadas se anotan un nuevo uso, por su valor especial, estas armas pueden actuar en algunos casos como parte de pago, aunque esta afirmación necesita de mayores pruebas documentales.

             Las espadas por tanto juegan un rol fundamental en la vida de los productores de vino, desde los más humildes representados en la figura del Capitan Juan Cortes hijo natural del Marqués Pedro Cortes quien a su vez recibe una espada del Marqués de Piedra Blanca de Guana en La Serena. También se encuentra presente en la vida de las viudas que con esfuerzo mantiene el patrimonio familiar y pueden después legar a su hijo tanto esclavos, vinos y espadas; incluso podemos afirmar que se ocupa la espada al igual que el vino como moneda de cambio en parte de pago, la importancia de estos 2 elementos en la vida del reino de Chile es fundamental, incluso en el siglo XIX podemos encontrar que entre la gente ligada al vino hay aun lazos que los unen a las espadas, como es el caso de Ignacio Eyzaguirre quien posee 20.096 plantas de uva en 1848 y entre su biblioteca podemos encontrar un titulo atrayente que suena a manual de esgrima como los de Pacheco Narvaez o Jerónimo de Carranza, lástima que no se conserva el nombre del autor aunque si su título: La Ciencia del Corte y la espada Volumen 6[xv].

           

            En síntesis, las espadas y el vino han estado ligadas desde hace siglos y ambos han tenido un sentido simbólico, honor deber y civilización han ido de la mano con estos objetos y en América la vid se instaló en el territorio a punta de espada. Los viticultores mantuvieron siempre el vínculo con la espada, ya sea para defenderse, o legarla a sus herederos como símbolo noble de los valores morales y del estatus familiar o simplemente aprovechando su simbólico valor agregado en parte de pago, fue una estrecha unión que se daba desde los productores humildes hasta los más pomposos.

El decaimiento de la cultura del vino y la espada viene de la mano con la masificación del arma de fuego, el honor de la espada para los duelos o como objeto simbólico pierde fuerza en el siglo XIX. Antiguamente todo español estaba obligado a llevar una espada pero con el advenimiento de la independencia, el estado nación y las armas de fuego esto se pierde relegando a la espada y su arte a un simple deporte desligándola de su vinculo con el vino. Para terminar y en razón de esto último me permitiré cita unl libro de Pérez – Reverte “El Maestro de Esgrima”:

“La Pistola no es un arma, sino una impertinencia. Dispuestos a matarse los hombres deben hacerlo cara a cara, no desde lejos como infames salteadores de caminos. El arma blanca tiene una ética de las que todas carecen… Y si me apuran diría que casi una mística. La esgrima es una mística de caballeros”.



 

 

 

Citas

[i] Ringeck, Sigmund. El arte caballeresco de la espada Larga, 1440. Traductor: Eugenio García – Salmones.

[ii] Jara, Álvaro. Guerra y Sociedad en Chile, Editorial Universitaria, 1971. Pp. 76

[iii] Jara, Álvaro. Opus cit. Pp. 79.

[iv] Archivo Histórico Nacional, escribanos de Santiago, Libro de Juan de Morales Narváez, Escribano Público, Vol. 496, F. 169v.

[v] Salas, Alberto. Las armas de la conquista. Emecé editores, 1950. Pp. 180

[vi] Salas, Alberto. Opus Cit. Pp. 180

[vii] Se le llama espada ropera porque su uso se generalizó en la batalla y en los duelos con “ropa”, alejándose del uso de armadura que fue el tópico en la edad media.

[viii] Tácito, Cornelio. Agrícola, Germania y Dialogo sobre los oradores. Editorial Gredos, 1981. Pp. 129

[ix] Méndez Aguirre, Víctor Hugo. Vino y Filosofía Moral en Universum 22, Universidad de Talca, 2007, pp. 62-71. Este artículo también se enfrenta a la disyuntiva moral entre lo civilizado del vino y la embriaguez no tan moral de su consumo excesivo.

[x] Archivo Histórico Nacional. Fondo Notarios La Serena. Testamento de Pedro Cortés de Monrroy, Marqués de Piedra Blanca de Guana. Vol. 8.  F.211

[xi] Archivo Histórico Nacional, escribanos de Santiago, Libro de Juan de Morales Narváez, Escribano Público, Vol. 547. F. 284

[xii] Archivo Histórico Nacional, escribanos de Santiago, Libro de Juan de Morales Narváez, Escribano Público, Vol. 547. F. 286v

[xiii] Archivo Histórico Nacional. Notarial La Serena, Vol. 9 F. 119

[xiv] Archivo Histórico Nacional, escribanos de Santiago, Libro de Juan de Morales Narváez, Escribano Público, Vol. 496, F. 169v.

[xv] Archivo Histórico Nacional, Judiciales de Santiago, Leg. 345. F 12.

 

Bibliografía:

 

Jara, Álvaro. Guerra y Sociedad en Chile, Editorial Universitaria, 1971.

Lacoste, Pablo. La Mujer y el Vino, Emociones: vida privada y emancipación. Caviar Bleu. 2008

Méndez Aguirre, Víctor Hugo. Vino y Filosofía Moral en Universum 22, Universidad de Talca, 2007.

Pérez – Reverte, Arturo. El Maestro de Esgrima. Alfaguara. 2007.

Ringeck, Sigmund. El arte caballeresco de la espada Larga, 1440. www.aviea.com Traductor: Eugenio García – Salmones.

Salas, Alberto. Las armas de la conquista. Emecé editores, 1950.

Santos de la Paz, Francisco. Ilustración de la Destreza Indiana. Imprenta Real. Lima 1712.

Tácito, Cornelio. Agrícola, Germania y Dialogo sobre los oradores. Editorial Gredos, 1981.

 

Fuentes:

Archivo Histórico Nacional:

·         escribanos de Santiago

·         Judiciales de Santiago

·         Notarios La Serena

·        Judiciales de San Felipe